Mil pensamientos invaden ahora mi mente. No sé si quererte, no creo que te quiera, ni si quiera te he querido, ni podré quererte. Tengo poca experiencia en el amor. Por tener, no tengo ni experiencia en vivir.
Me extraña gustarte y que me gustes. Te extraña gustarme y gustarte.
Tu mirada es esmeralda, encharcada ciénaga. Tu sonrisa de húmedos labios piden a gritos un silencioso beso.
No me concentro. No puedo pensar en otra cosa que no sea besarte cuando me hablas. Rozar tu aliento, sentirte. Primera cita, segundo intento. Quizás predomine el silencio, que dará paso a la física. Quizás predomine la física acompañada de química charlatana.
La verdad es que no se nada. La expectación forma pare de ti, mientras que mi espíritu aventurero del amor raras veces tiene presencia.
Alomejor no soy capaz de aguantar, de buscar y encontrar, de chocar y levantar. Como os dije antes no soy veterano en la gramática del amor.
Me sentía bien cuando te reías, cuando me mirabas y te perdías en mi ausencia. Cuando nuestras miradas bailaban un vals al son de las carcajadas. Me gustõ que confiaras, que te pusieras nervios, que vinieras y que pensaras.
Maximizar mis sentimientos en los escritos es sin duda mi delicada profesión. Delicada porque cada vez escribo menos, y quizás cada vez también sienta menos. Coger un boli, un papel, y plasmar mis sentimientos era más fácil antes de caer en el vórtice de insensibilidad y juicios con condena en el que me encuentro.
Quizás seas mi salvación, mi halo de esperanza por el que llevo años esperando. Alguien que ponga en práctica la magia negra que sacará mis sentimientos del olvido y la autoprotección. Alguien por quien merezca la pena pensar.
Pero como gran ignorante de la gramática del amor, no te aseguraré amor eterno, ni siquiera locura transitoria. Quizás te asegure intención, principios activos. Pero como todo ignorante, también tengo la posibilidad de que me enseñes, de que me guíes hacia el paraíso, hacia nuestro paraíso.
Seguramente no consiga ser alguien a quien amar, ni alguien que ama. Respresentas el pie de pagina del capítulo en el que me encuentro, un pie de pagina que me salve de las sombras.
Finalmente, os digo que escribo para desahogarme, para reflexionar entre caligrafías y simbolizaciones del lenguaje. Para transmitirme lo que algún día pensé, lo que algún dia sentí. Y mi sentencia, por lo tanto, es salir de este agujero, de este pozo en el que me encuentro sumergido, y gritar a los cuatro vientos que, cuestionalmente,
te quiero.
