Amor furtivo. Ella llora, ella también. Llama a la puerta. Ella. Se abrazan. Abren la puerta a la pasión. Se besan, se sienten. Pasión predomina hoy. Notan sus labios. Sus fortuitos labios, algo femenino.
Poco a poco, pero con pasión. Se desprenden de su coraza, su revestimiento, su ropa. A la luz del fuego que las une. Sus cabellos largos, acariciándose entre ellos. Boca con boca, pasión mútua, pecho contra pecho, los besos cada vez más largos. Ellas, furtivas de su amor, furtivas de su represión. Sóilo ellas saben satisfacerse.
Ser muerden, juegan con sus miradas. Son fuego, juegan con sus cabellos, empapados en sudor, en pasión, en lágrimas de placer, de éxtasis. Se nota. Sus cuerpos se sienten, se frotan, se eriza la piel.
El fuego de la chimenea cada vez es más grande. Más caluroso. Se empañan los cristales, mientras sus sombras, libres casualmente por la soledad se reflejan en la ventana de la calle, fría, esperando a atacarlas, a presionarlas, romper su amor.
No las importa, disfrutan. Disfrutan de sus cuerpos completamente sin pecado. Sólo uno, la lujuria.
Las gotas de sudor caen, se tocan frente con frente, acarician sus labios, su lengua, se sienten. Acarician su cuello. Se muerden. Profanan sus féminos cuerpos. Disfrutan de su libertad, acarician su costado, su pelvis. Se dejan llevar por la pasión. Por fin están solas, no puede más. El éxtasis sale, aflora a la superficie; las invade, las exhala pasión y lujuria.
Un sentimiento dado por muerto, aflora, revive. No te dejes engañar por sus bellos labios. Te ama más de lo que la Tierra ama al Sol.
Pasión, lujuria, éxtasis. Perfecto a la luz del fuego de la chimenea, en una cama donde ella
jamás volverá a dormir sola.
Libertad, ansiada por todos.
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