viernes, 27 de mayo de 2011

Te ignoro. Te ignoro cuando me hablas.
Ignoro lo que dices. Ignoro tus palabras.
Me pierdo en tu mirada. Esos ojos marrones, profundos. Esa boca, que tanto me encanta. Ese cuello por el que me deslizaría como un niño por un tobogán. Ese pelo, original. Esa sonrisa, que ciega hasta al sol.
La forma en la que me miras. En la que me comes de arriba a abajo con la mirada. En la que me cuentas las cosas. En la que cantas. En la que te motivas con la música.


¿Sabes? Es como un refresco. Tiene un buen olor, un buen sabor. Pero si se toma demasiado rápido empieza a picar, te sienta mal.
Poco a poco, sorbo a sorbo, soñando.
Dicen que el amor, cuando viene, viene de golpe. Pero también dicen que el amor surge poco a poco. Contradictorio, ¿no? Pero, ¿a caso el amor no lo es?
Puede que si que surja poco a poco, disfrutando del refresco. Del sabor, del hielo... O puede que surja de repente, que pique, pero que te de esa explosión de sabor.
Sinceramente, prefiero disfrutarlo.


Un refresco. En vaso grande.
Por favor.

miércoles, 25 de mayo de 2011

¿Gustarme? Me encanta. Nada comprometido, sentimentalmente.
Sinceramente, no sé que me pasa. Será verdad eso que me dicen, que con cada mirada me hago ilusiones. No lo sé, no lo sé ¡No se nada!
La frustración me invade. Sin darme cuenta me devuelve al agujero negro.
Dirección. Este, este, este. ¿Oeste?
Me estoy acostumbrando a estar confuso. Ni siquiera sé porqué lo estoy. Uno, 1460. Este.
Otro, 730, ego. Oeste.
No tengo nada que hacer. Mi destino de momento será disfrutar, llegando al éxtasis. Pero no es lo que quiero. Ahora quiero disfrutar, si, siempre, pero no de esa manera. Disfrutar cada mirada, cada palabra...
Quizás tenga razón, me ilusiono con cada humilde mirada. Saco subjetividad de donde no la hay.


Lo siento, pero
no puedo elegir dirección
si ni siquiera
voy a partir...
Tu tontería. Tu estupidez. Tu cariño.
Tus indirectas. Mis paranoias.
Tú, tú, tú. En estos últimos meses has pasado a ser mi centro,
mi entretenimiento, mi sisa, mi felicidad.
3 horas al día. A veces 4.
Maldigo la distancia. Maldigo esos 1460, lo maldigo. Será cruel, será egoista.
Buscaré a alguien feo, pero no puedo.
Buscar, sólo quiero buscarte a tí.

viernes, 20 de mayo de 2011

¿Por qué? ¿Por qué no? Desesperación. Perder la apuesta.
Puede que si, puede que no. Me repito.
Quiero ir, quiero relajarme. Quiero sentir esa sal, esa cristalización crónica del agua marina.
Mi cabeza no deja de darte vueltas, una y otra vez. Ni siquiera se cómo ha pasado, como te has convertido en mi preocupación más importante.


Lo preparo todo. Mis nervios estallan en furor. Pendiente del móvil todo el rato. Esperando la mínima vibración. Por fin llega. Mis pulsaciones se aceleran a 4000 por minuto. Perfumo el aire, cojo las llaves, el móvil (clave del suceso) y bajo las escaleras de ocho en ocho, desafiando las leyes de la gravedad. Salgo a la calle. Sigo mis pasos, mis pulsaciones.
Me paro en seco, la preocupación llega una vez mas, entro en trance.
Sigo caminando, siguiendo los impulsos del estúpido comportamiento humano. Ahí está, con su automóvil de dos ruedas. Le saludo con la mirada, me sonríe. Tras pasar un seto me peino, me relajo. Me acerco, se acerca. Esta disfrutando de su nicotina. Nos quedamos unos minutos sin saber que decir, parece que se ha parado el tiempo, la arena del reloj se ha atascado. Andamos hacia mi casa. Subimos. Me agarra, le siento. No sé como, pero nuestras bocas ya estaban juntas, que alivio. Menta. Naranja... Qué gran metáfora, pero no llegaría a tanto.
Se vuelve a parar el tiempo, me pierdo en su mirada, en sus ojos marrones, en ese agujero negro que todo se traga y lo envía a un universo paralelo. Momento de éxtasis. Momento de placer. Felicidad absoluta, y momentánea. Se empieza a difuminar todo, la magia se borra.

Vuelvo del trance, ¿de verdad lo crees? No.
Sigo caminando por la calle después de haber vivido ese trance. No sé lo que pasará, no se nada, absolutamente nada. Impotencia, coraje.


No pienses que
dejaré estos trances.
Sé que solo es imaginación,
pero es MI imaginación,
no podrás con ella.

jueves, 19 de mayo de 2011


Despertar perdido. Notar la arena mojada. Humedad en el ambiente. Respira hondo.
Mirar al horizonte, ver todo gris. Sueño.

Notar como el agua se vuelve cada vez más cristalina. El mar está tranquilo. El cielo no.
Al cielo le pasa algo. El cielo ya no luce. El cielo ya no es azul. El cielo ya no es el mismo.

Sentir cada brisa, cada sal, cada ola, cada marea.
Indescriptible, con palabras. Con sueños, perfectamente imaginable. La perfección.
Todo lo que necesito: mar, cielo inestable, arena, adicionales.


Indiferencia. Dolor. Con razón dicen que no hay mas desprecio que no hacer aprecio.
Tu indiferencia. Tu pasotismo. Mi dolor, mis lagrimas. Parece casualidad, encontrar un diamante en bruto, intentar pulirlo y luego lo pierdes en un descuido. Cría cuervos y te sacarán los ojos.
Esa indiferencia al dar una calada. Disfrutando de tu nicotina encerrada en papel. Puede que te diese igual, pero a mi no.
Una pequeña mirada dirigida a mi, en la que me pierdo como una liebre en una explanada de trigo.
Lo que mas me apena no es eso, sino que ni tu sepas en la confusión que andas metido. Un si, un no. Mi famosa confusión causas.
Día tras día, pensando, imaginando, muriendo.
La velocidad es muy relativa, ¿sabes? Puede que tu disfrutes yendo a tal velocidad, aparentemente yo también, pero tanta velocidad solo causa daño, dolor.
Te podrás rayar, podrás poner un muro de hormigón en la entrada de la mansión ''Forma de ser'', pero lo único que haces es que nadie quiera visitarla nunca. Quedará como la típica historieta de miedo de aquella casa abandonada en la que vive un monstruo, pero en realidad vive un pobre anciano con mucho amor que dar. Te gustara ser así, pero solo te quedaras.
Aquella liebre perdida, aquel ser vivo, diminuto ante el mundo, buscando una salida de emergencia. Aquella mota de polvo en tu gran ego.
Dirás que se de lo que hablo. Dirás que me conoces. Dirás que me quieres. Dirás que me odias. Solo se, que no sé nada; absolutamente nada.


Fluye, ¿no?


lunes, 2 de mayo de 2011

Llueve. Sigo pensando en aquellas palabras. Parece una tontería, pero no lo es...
Una gota cae, fluye por el aire, se deja caer e impacta contra el duro cristal del coche.
Quizás la idea de ser una simple porción de agua no sea tan mala. No sé, caer, divisar todo lo que hay bajo ti... Notar como el aire te acaricia, te hace cosquillas...
Lo más sorprendente de todo es la forma que tiene de rendirse ante el sol, cuando cada rayo penetra en aquella diminuta porción de agua y se descompone en toda esa gama cromática que tanto me ha gustado desde siempre. No sé porqué, pero ver tanto color en el cielo, con un fondo gris mullido tiene algo que ver con aquellas ganas de vivir de las que todo el mundo habla.


Sigue lloviendo. Los coches pasan delante mío cada vez con mas brillo, quizás sea por las gotas.
Termina de llover, aparentemente. Aunque siguen las nubes en el cielo, como si estuvieran esperando a un mínimo descuido para soltar toda su furia. Las apariencias engañan, lo sé, pero cuando ya estás hundido no te pueden hundir más. Todavía no sé si he hecho lo correcto o no.

Empieza a llover otra vez.