Puede que si, puede que no. Me repito.
Quiero ir, quiero relajarme. Quiero sentir esa sal, esa cristalización crónica del agua marina.
Mi cabeza no deja de darte vueltas, una y otra vez. Ni siquiera se cómo ha pasado, como te has convertido en mi preocupación más importante.

Lo preparo todo. Mis nervios estallan en furor. Pendiente del móvil todo el rato. Esperando la mínima vibración. Por fin llega. Mis pulsaciones se aceleran a 4000 por minuto. Perfumo el aire, cojo las llaves, el móvil (clave del suceso) y bajo las escaleras de ocho en ocho, desafiando las leyes de la gravedad. Salgo a la calle. Sigo mis pasos, mis pulsaciones.
Me paro en seco, la preocupación llega una vez mas, entro en trance.
Sigo caminando, siguiendo los impulsos del estúpido comportamiento humano. Ahí está, con su automóvil de dos ruedas. Le saludo con la mirada, me sonríe. Tras pasar un seto me peino, me relajo. Me acerco, se acerca. Esta disfrutando de su nicotina. Nos quedamos unos minutos sin saber que decir, parece que se ha parado el tiempo, la arena del reloj se ha atascado. Andamos hacia mi casa. Subimos. Me agarra, le siento. No sé como, pero nuestras bocas ya estaban juntas, que alivio. Menta. Naranja... Qué gran metáfora, pero no llegaría a tanto.
Se vuelve a parar el tiempo, me pierdo en su mirada, en sus ojos marrones, en ese agujero negro que todo se traga y lo envía a un universo paralelo. Momento de éxtasis. Momento de placer. Felicidad absoluta, y momentánea. Se empieza a difuminar todo, la magia se borra.
Vuelvo del trance, ¿de verdad lo crees? No.
Sigo caminando por la calle después de haber vivido ese trance. No sé lo que pasará, no se nada, absolutamente nada. Impotencia, coraje.
No pienses que
dejaré estos trances.
Sé que solo es imaginación,
pero es MI imaginación,
no podrás con ella.
Me gusto mucho tu blog !
ResponderEliminarte sigo ^^
Un besazo !