viernes, 27 de mayo de 2011

Te ignoro. Te ignoro cuando me hablas.
Ignoro lo que dices. Ignoro tus palabras.
Me pierdo en tu mirada. Esos ojos marrones, profundos. Esa boca, que tanto me encanta. Ese cuello por el que me deslizaría como un niño por un tobogán. Ese pelo, original. Esa sonrisa, que ciega hasta al sol.
La forma en la que me miras. En la que me comes de arriba a abajo con la mirada. En la que me cuentas las cosas. En la que cantas. En la que te motivas con la música.


¿Sabes? Es como un refresco. Tiene un buen olor, un buen sabor. Pero si se toma demasiado rápido empieza a picar, te sienta mal.
Poco a poco, sorbo a sorbo, soñando.
Dicen que el amor, cuando viene, viene de golpe. Pero también dicen que el amor surge poco a poco. Contradictorio, ¿no? Pero, ¿a caso el amor no lo es?
Puede que si que surja poco a poco, disfrutando del refresco. Del sabor, del hielo... O puede que surja de repente, que pique, pero que te de esa explosión de sabor.
Sinceramente, prefiero disfrutarlo.


Un refresco. En vaso grande.
Por favor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario