lunes, 2 de mayo de 2011

Llueve. Sigo pensando en aquellas palabras. Parece una tontería, pero no lo es...
Una gota cae, fluye por el aire, se deja caer e impacta contra el duro cristal del coche.
Quizás la idea de ser una simple porción de agua no sea tan mala. No sé, caer, divisar todo lo que hay bajo ti... Notar como el aire te acaricia, te hace cosquillas...
Lo más sorprendente de todo es la forma que tiene de rendirse ante el sol, cuando cada rayo penetra en aquella diminuta porción de agua y se descompone en toda esa gama cromática que tanto me ha gustado desde siempre. No sé porqué, pero ver tanto color en el cielo, con un fondo gris mullido tiene algo que ver con aquellas ganas de vivir de las que todo el mundo habla.


Sigue lloviendo. Los coches pasan delante mío cada vez con mas brillo, quizás sea por las gotas.
Termina de llover, aparentemente. Aunque siguen las nubes en el cielo, como si estuvieran esperando a un mínimo descuido para soltar toda su furia. Las apariencias engañan, lo sé, pero cuando ya estás hundido no te pueden hundir más. Todavía no sé si he hecho lo correcto o no.

Empieza a llover otra vez.

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