jueves, 20 de octubre de 2011

No, ego no.

7:20 am. Suena el despertador. Otro fracasado día. Otro día en el que las musarañas me atrapan. Embobado. Otro día, tras día.
Indecisión, seguido de un tazón de leche con galletas y sus 1200 calorías. La preocupación me invade el resto del día. La pereza, la vagueza. No tengo fuerzas. No sin ti.
Puedo resultarte tremendamente cansino, agobiante, acosante. ¿Solución? No leerme. Evita la tentación de teclear el título de éste blog en Internet.
Pero no puedo evitarlo. Soltar mis sentimientos. Expresar. Liberar.
Refiriéndose a ti, no me cuesta nada escribir. Hoja tras hoja, describiéndote. Describiendo por ejemplo, tu mirada.

[... y es que cuando me mira, se me eriza la piel. La sangre se calienta, me enrojezco. Mi corazón late más deprisa; ingenuo, cree que cuanto más rápido bombee, antes llegaré a tu corazón; qué ignorante... Mis piernas tiemblan cada vez que me miras, cada vez que me dices con la mirada cosas ilegibles, todavía. Me entran escalofríos, con tu mirada. Lánzame flechas, tantas como miradas; sigue atrapándome cada vez más y más, porque cada mirada, cada flecha, es un instante de felicidad.]




Pura y sencilla mirada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario